Ante la llegada de una crisis, a AMLO le urge culpar a Biden

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Joseph Barroco

Ante el fracaso de su Gobierno y ante el inminente estallido de una crisis económica, a Andrés Manuel López Obrador le urge encontrar a quien culpar y ve en Biden el vehículo para lograr su objetivo.

López tiene el agua hasta el cuello y es inminente el estallido de una recesión en territorio azteca, donde la economía no ha logrado al menos tomar el volumen prepandémico.

Atrás quedaron las altas expectativas de desarrollo nacional, las obras insignia del Obradorismo se han convertido en elefantes blancos que cuestan mas dinero que el que generan y las finanzas públicas se encuentran sostenidas gracias a las remesas.

Radicalizado, López Obrador ha intentado de mil maneras provocar la ira del septuagenario presidente. Sin embargo, en el encontronazo frente a frente, el tabasqueño, acobardado, aceptó todo lo que le impuso el norteamericano.

Ya en Ciudad de México y cobijado por sus paleros, López envolvió su discurso en patrioterismo y juró defender la soberanía nacional de los intereses extranjeros. Lo que no dice el presidente es que el firmó los acuerdos que ahora desconoce, mintiendo por enésima ocasión al País.

Cual moderno Juan Escutia, el presidente cree que provocando a Biden podrá obtener una salida segura del desastre económico que se avecina al final de su sexenio. Ya los especialistas coinciden que no va a ser en 2024, sino en 2023, cuando el andamiaje económico no resista la presión impulsada desde Palacio Nacional, quien basa sus decisiones el las creencias erróneas del Presidente y no en acuerdos estudiados y consensuados minuciosamente por el gabinete.

Biden prefiere vía legal

Sin embargo Joe Biden rehuye el conflicto. El presidente norteamericano convocó a un panel para resolver los conflictos en materia de energía y medio ambiente, tomando como favorable el tiempo que tomará dicho mecanismo.

A Biden le interesa el voto latino y va a seguir permitiendo el envío de remesas, que van a ser insuficientes para financiar al Gobierno de México, ganando tiempo para llegar sólido a 2024, sin ningún conflicto que nuble una posible campaña negra en busca de la reelección.

El sabe que la resolución dilataría hasta 2025, después del proceso electoral. Estados Unidos tiene una recuperación sólida, finanzas públicas sanas y un crecimiento vigoroso pospandemia.

Quien no tiene tiempo es López Obrador, que angustiado ve como le estallará el problema en la cara, sin tener un villano a quien culpar. Si estalla una crisis, el populismo en México se verá reducido a un sexenio para el olvido.

Colofón

El momento estelar del Obradorismo nunca llegó. Este sexenio es ya de manera oficial, un desastre.

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