Radicales Libres || «Enterrar a sus muertos»

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Aníbal M. Silva

Un pequeño recinto sirvió para una especie de terapia de grupo. El viejo Auditorio de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Tamaulipas se estremeció el pasado viernes no sólo por su vetusta estructura, sino por el ambiente de luto y pérdida que ha trascendido el tiempo y sus actores.
Y nadie, nadie de las instancias estatales se acercó a tomar nota del evento.
En el desfilaron deudos diversos, madres que se quedaron sin sus hijos, niños huérfanos que ya son jóvenes. Padres que tienen años pegando carteles de búsqueda de sus hijas, desaparecidas desde aquel 2010.
Esa es la constante. La indiferencia estatal.
Eugenio Hernández dijo que «no pasaba nada» al tiempo que por debajo de la mesa compraba el silencio cómplice de, no muchos, sino muchísimos medios alineados.
Egidio Torre, a esta estrategia añadió la del terror. Twitter era un hervidero de denuncias anónimas que desquiciaron al gobernador más impopular de la historia del Estado. Él, quien ursurpó el puesto de su hermano, se preocupaba más por perseguir tuiteros que por encontrar a los asesinos de «Rodolfito», como lo llamó de manera hipócrita durante los funerales de Estado en junio de 2010.
Nunca, nunca hizo nada por recordar a su hermano. El amasijo de bronce que hace las veces de busto, ubicado afuera del CDE del PRI es mudo testigo del derrumbe del tricolor en el Estado.
Y Francisco García Cabeza de Vaca ha entregado resultados nulos tirándole a magros, aún y cuando arrancó su campaña ante las víctimas de violencia en San Fernando.
Después de tomar el poder, nunca los escuchó. Tan no los escuchó que la señora Miriam es otra voz apagada.
Hoy, en San Fernando, se encuentran más solos que nunca.
Al Estado -no importa el color- se le olvida que tuvimos 40 desaparecidos diarios en cada ciudad importante del territorio cuerudo. Y se olvida de las familias que siguen en esa lenta agonía que es la incertidumbre y es que como fue el clamor ayer, solo quieren «Enterrar a sus muertos».

Jiribilla
Los reporteros siguen respirando oor la herida. Un gremio donde se apagan voces y donde el éxodo continúa sangrando la libre expresión en nuestro Estado.

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