Radicales Libres / Doble Traición

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Aníbal Muñiz Silva

La caída de la dupla Ismael-Maria Elena tiene varias lecturas.

La primera, cruda, cruel y negra: El gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ya no es querido en Tamaulipas.

Eso es una verdad a medias. Si bien es cierto que ya existe un notorio desgaste prematuro desde el inicio de su gestión, la realidad es que la estrategia de imagen para este proceso electoral fue equivocada. Los cañones se enfocaron en no dejar crecer a un debilitado PRI. Ya caído todo fue patearlo en el suelo.

Un asesor me comentó al inicio de la precampaña: “Morena no crece”.

A mediados de la campaña constitucional la percepción era la misma, “Morena no crece”.

La segunda lectura, es la que da nombre a este texto: La doble traición.

¿Sabe el Gobernador acaso cuantos colaboradores priistas tiene metidos en GobTam?

¿Alguien de su equipo habrá hecho labor de inteligencia de una manera profesional y veraz, y habrá informado como en este espacio se consignó, que había focos rojos y que existía gente enojada?

¿Existirá un diagnóstico fidedigno de la fidelidad en la votación?

Y si existió. ¿Por qué no se lo hicieron llegar al Gobernador?

¿Por qué no tomaron medidas?

¿Por qué no lo protegieron?

¿Por qué no lo blindaron?

Por un simple hecho: Son Cabecistas.

El membrete, que al inicio de la administración dejó fuera a panistas de cepa, de sangre azul, es parte del germen que incubó la traición.

El grupo conocido como “las magnolias”, de cuño priísta se paseaba con los membretes con la leyenda “Tam”, pero en las profundidades de la telaraña cibernética producían golpeteo que iba desangrando lentamente al hermano del Gobernador.

Pero de esa misma manera se desempeñaron los autonombrados “cabecistas”.

Y mientras los panistas puros seguían perdiendo posiciones, los amigos del gobernador consolidaban sus posiciones de poder, tomando control de mandos medios, menos expuestos a la luz pública pero con amplia capacidad operativa, dejando aislados a los Secretarios, esos sí, leales al Gobernador.

Esa falta de retroalimentación, además envenenada por comentarios políticos melosos en medios, hizo que en Casa de Gobierno llegaran al 1 de julio con la tranquilidad de una elección de trámite al menos en el territorio tamaulipeco, pintado de azul en elecciones presidenciales durante este siglo.

Y ahí se consumó la doble traición. Los operadores subterráneos, tras los cierres de campaña dejaron desahuciados a los candidatos tricolores y encendieron una mecha que dinamitó la estructura azul y que permitió la entrada de la marea guinda.

La operación en casillas iba a quedar corta para alcanzar al PAN, pero encauzándola hacia Morena que venía muy fuerte con el efecto López Obrador, hizo retumbar al recién nacido régimen panista que terminó sacudido hasta la médula.

El único con capacidad de reacción fue el Secretario General de Gobierno César Verástegui, pero el Tsunami ya había hundido municipios como Reynosa, Matamoros y Madero; al tiempo que Nuevo Laredo, Victoria y Mante fueron insuficientes para revertir algo que ni en lo peores pronósticos se esperaba en el vetusto edificio del 15 Juárez.

Hoy ni tiempo les queda para lamerse las heridas. Está a la vuelta de la esquina el proceso que llevará a cabo el IETAM y donde se encuentra en juego el Congreso de Tamaulipas, vital para los mismos tamaulipecos, ya que encierra una puerta de salida en caso de que la administración federal entrante termine en desastre.

Jiribilla

Es de vital importancia en la política conservar y añadir la mayor cantidad de aliados posibles, sobre todo quienes vigilan la espalda ante cualquier puñalada. El actual régimen estatal levantó 600 mil votos y se mantiene en competencia. Sin embargo es imperioso tender puentes con los señores feudales del sur y de Reynosa, al tiempo que deben reforzarse las alianzas con los partidos que integraron el Frente, quienes serán la oposición real ante el poder absoluto que ejercerá Morena a partir del 1 de diciembre.

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