Radicales Libres /Las malas matemáticas de Anaya.

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Anibal M. Silva

Ricardo Anaya es abogado. Dada su habilidad oral se asume que es muy bueno.

Pero como matemático es pésimo.

El hecho de realizar un llamado a unir fuerzas con el PRI de Peña Nieto en un intento desesperado por impedir la llegada a la presidencia por parte de Andrés Manuel López Obrador vaticina la antesala de un desastre.

Y es que desde la educación secundaria se nos enseñó que el sumar un número negativo en lugar de adicionar, resta.

¿De qué le pueden servir a Anaya los negativos del PRI, si ocho de cada diez mexicanos repudian al tricolor, y lo que ello representa? Recapitulando de una manera rápida, ex gobernadores corruptos, casas blancas, estafas maestras, socavones, agua para quimioterapias y demás linduras orquestadas por administraciones tricolores.

Eso sin contar los muertos, que dada la alianza serán unificados por la alianza que encabeza Morena.

En términos duros. Una alianza descarada PRIAN sería la tumba de las aspiraciones de Anaya de alcanzar a López Obrador y pavimentaría con concreto hidráulico la llegada del Peje a Los Pinos.

Y es que el voto anti PRi es mucho más fuerte que el voto anti pejista, con todo y las adquisiciones de políticos de segunda mano egresados del PRI, que ocupan desde regidurías hasta senadurías a lo largo y ancho del territorio nacional, mismos que secuestraron a cientos de cuadros fundadores de MORENA.

Aún así 4, 6 de cada 10 mexicanos NO prefieren a López Obrador. El cómo se comportará esa franja del electorado hace imposible vaticinar un resultado preciso acerca de la elección presidencial.

Por lo pronto, la intención del voto por AMLO es superior incluso a la que tuvo Vicente Fox en el año 2000, lo que complica a sobremanera las cosas al interior del establishment.

Jiribilla.

La tercera es la vencida.

Ese viejo adagio va a resolverse a favor de alguien el 2 de julio de 2018.

Para el establishment significa que al fin, se desharían del fantasma del populismo encarnado por Andrés Manuel López Obrador. Para el aludido, significa llegar al objetivo trazado desde su llegada a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

Mientras tanto, el reloj continúa avanzando y la desesperación cunde en varios cuartos de guerra.

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