La Inminente Segunda República (II)

Anibal M Silva

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Los debates

López Obrador ya no enfrenta la polarización de 2006 y Morena se encuentra mejor estructurado que hace apenas un año. Las votaciones así lo demuestran. Lo único que podría torpedear a AMLO sería un mal desempeño en los debates. Cabe recordar que en 2006 y 2012 sus participaciones fueron de malas a pésimas. Hoy, en 2018 el tiempo parece darle la razón. Con sólo asumir una posición de “se los dije” podría salir intacto de las confrontaciones. Es ahí donde existe ventaja para Ricardo Anaya. El Panista es buen litigante, se nota en su manera de defenderse y atacar en diversas intervenciones. Sin embargo, está obligado a venir de atrás y con ello desatar una estrategia belicosa que en lugar de atraer indecisos podría ahuyentarlos. Otro de los puntos a favor del queretano es su coraza a prueba de balas. Ni siquiera notas impulsadas a cañonazos millonarios lograron minar su empuje, al contrario, dejó en ridículo a El Universal y a Televisa, al hacer públicas las millonarias facturas efectivamente cobradas al Gobierno Federal, dejando al priísmo sin capacidad de establecer una narrativa destructiva hacia sus contrincantes electorales.
Así las cosas las intervenciones de Anaya y López Obrador se reducen a una lucha intestina entre dos antisistémicos de pura cepa.
El establishment, que quería a Meade o a Margarita Zavala ya sopesa lidiar con los arranques nacionalistas de AMLO o con las políticas incendiarias de el ya popular “Cerillo” Ricardo Anaya.

Meade: Hombre en llamas
Si la campaña de Jose Antonio Meade no pinta, no es por su culpa, sino por la pésima narrativa emprendida por Enrique Ochoa Reza -cuyo masoquismo es casi penoso, es vapuleado por Yeidkol cada que se encuentran- y por las conspiraciones realizadas por Arturo Nuño.
Esta semana, Nuñez, le acaba de asestar un golpe atroz a su candidato, al derrumbar la coalición Verde- PRI en Chiapas.
En el sureño estado, el partido que cuenta con la mayoría es el Partido Verde, y es el bastión electoral. Sin embargo, Nuñez desconoció el acuerdo con Manuel Velasco y mediante intrigas palaciegas logró imponer a Roberto Albores Gleason, considerado en el sureste como un arribista en el tricolor.
La nominación dejó fuera de compromisos a Manuel Velasco -alguna vez soñó con una candidatura presidencial- y sin voz de mando en el Verde. Eduardo Ramírez detonó la normalidad del Tucán y se prevén movimientos a favor de Morena.
El PRI perdería por ese error. Casi un millón de votos.

Jiribilla
Osorio hace más daño sin moverse que moviéndose.
Continuamos con el hype de Dante Delgado.

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