Cuando las cosas no podían ser peores para el PRI en Tamaulipas, la sede del primer evento de Jose Antonio Meade con la militancia prende focos de alerta de un rojo intenso.
El PRI sigue secuestrado por la, ya no nefasta sino nauseabunda, élite victorense tricolor, la coloquialmente conocida como cofradía del Campestre.
Ólvidense de los territoriales, de los líderes de colonos, de los campesinos, de los conglomerados obreros, de los gremios de choferes, de los ganaderos y demás contingentes que engrosaban la cauda de votos cada elección priista.
La representación popular quedará fuera del lujoso recinto de la Universidad La Salle, ese que durante los últimos tres lustros ha impulsado los nuevos cuadros lasallistas. Jóvenes juniors desconectados de la sociedad, que desprecian la cultura popular y se erigen como parte de la otra Victoria, la que toma decisiones basadas en intereses personales antes que los de grupo.
Y ante una elección donde el PRI marcha en tercer lugar, sin el apoyo del poderoso aparato gubernamental, suena a chambonada que José Meade sea cobijado por cuadros mas bien malolientes para una población enardecida.
Y aunque muchos lo nieguen los hechos hablan por si solos.
¿Acaso Carlos Morris representa los intereses de los victorenses?
¿O Mayra Benavides Villafranca?
¿O Abril Argüelles, más preocupada por autorizar nuevos fraccionamientos, literalmente valiéndole madre que los ya existentes padezcan sed?
¿O Laura Luz García Lumbreras, que sólo aparece en el cabildo por influencia paterna?
Y ni hablar de los juniors Cárdenas, Pepito y Alejandra. El primero de paso gris por el Comité Municipal, mientras que la segunda, de poco carisma se ha visto envuelta en líos laborales y fiscales.
De por sí no existen figuras priístas de arrastre en estos momentos en el Estado y en los escombros del régimen se siguen manejando como si existiera todavía un partido único.
Todo se reduce a unos pocos que guerrean con lo que les queda, como el caso de Edgar Melhem o Enrique Cárdenas. Y los indicios señalan que preferirán esperar tiempos mejores.

Tres calaveras
Ya son tres carreras políticas de cuatro que se han visto truncadas tras su paso por la Alcaldía de Ciudad Victoria. Arturo Diez, Alejandro Etienne y Oscar Almaraz se derrumbaron apenas cruzando el primer año de gobierno.
Miguel Gonzalez Salum se salvó a secas gracias a que en su trienio hubo sequía, pero su carrera llegó a su ocaso con la diputación que está por terminar.
Si Almaraz, actual edil, prácticamente descartado para la reelección municipal, pretende que el dinosaurio sobreviva, tendrá una durísima prueba peleando por una diputación en el V distrito.

Jiribilla
Están heridos de muerte y la Pava tendría que enfrentar el peor oponente posible en un distrito donde no puede hacer campaña.
Oscar reía en las sesiones de Cabildo, pero todo parece indicar que quien va a reír al último va a ser el Güero Ramos. Unos caen y otros ascienden.

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