Queta Lavat y Jesús Ochoa nos llevan al imaginario de un día cualquiera, entre una madre y su hijo, y las circunstancias que a todos nos alcanzan: un despido, la venta del departamento que ella habita, propiedad del hijo...

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Dos ingredientes básicos: una historia, dos actores. Sí, la producción, la dirección, la escenografía, sí; sí, a todo. Pero, lo principal ocurre y eso produce magia; esa, que al final se traduce en un aplauso que parece eterno; de pie, la audiencia; de pie, el alma. Y el aplauso se convierte en alimento que regocija, que contagia, que conmueve…

Una madre y un hijo nos espejean, cañón, en el día a día; en lo cotidiano, en lo imperfecto de la perfección de ese amor que sólo por los hijos se produce, y el que se queda a deber, a veces, de regreso.

Queta Lavat y Jesús Ochoa nos llevan al imaginario de un día cualquiera, entre una madre y su hijo, y las circunstancias que a todos nos alcanzan: un despido, la venta del departamento que ella habita, propiedad del hijo…

Y el final, que estruja, que agarra a putazos el corazón de todos y nos deja con el dulce sabor de una lágrima.

«Conversaciones con mamá» te lleva de la risa a la carcajada, de la carcajada al llanto, y a la admiración absoluta y contundente por dos que se entregan y concluye en un aplauso que aún rebota en las paredes del teatro «11 de julio» en esta noche, la del estreno a prensa, ese público difícil que, sin dudarlo, también se puso de pie.

Produce Rubén Lara; dirige Antonio Castro.

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