Polvorín/La disculpa…

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José Ángel Solorio Martínez

En estas fiestas de fin año, es prudente recapacitar, replantear. Como humano que uno es, suele equivocarse. Unas veces por la premura de la información; otras, por ser omiso ante algunos hechos que en política, suelen ser crípticos de tal manera que los observadores sólo percibimos lo que hay en la superficie.
Lo reconozco: me equivoqué.
Fallé con la información de la Banda de los Chuchincitos.
Como pocas veces.
Los identifiqué como los más ladrones, de los cuatro que forman parte de esa pandilla que ha saqueado los tesoros municipales sin clemencia y sin pudor. Estuve muy alejado de la realidad.
Mencioné que uno de ellos, era el ejecutor de muchas triquiñuelas y estropicios con el dinero de los matamorenses. Otro error, de grandes proporciones; muy grandes.
Dije que Álvaro y Jesús, se significaban como la dupla criminal que desaparecía mucho del presupuesto de la ciudad. Grave errata. No es así, ni ha sido así.
Pifias como esta, no he cometido un par, en mi larga vida de periodista.
Nada como ofrecer disculpas a los lectores y a la parejita de Chuchincitos que no son del todo responsables de lo infamia con la lanita de los contribuyentes de Matamoros, Tamaulipas. Nada mejor, en las postrimerías del 2018, que según las profecías de los que saben será un año de cambio y de rupturas, reconocer lo que uno ha hecho mal; muy mal.
Los lectores del Polvorín, merecen una aclaración.
Y lo mismo, los Chuchincitos, Álvarito y Jesusito.
El verdadero cerebro del mal, que ha hecho de la ciudad un ejemplo de atraso y desfachatez, es ni mas ni menos que Fernando de la Garza. Sí: el auténtico, el verdadero jefe de la Pandilla de los Chuchincitos, es Fernandito.
En efecto: es Fernandito, el mero mero de la cuarteta de pícaros presupuestívoros –una de ellas es una encantadora damita, que reservaremos su nombre pero luego lo daremos en estricto apego a la equidad de género-.
Repito: hay que reconocer los equívocos.
(En abono a la verdad, y para que la mala vibra drene en este fin de año).
Fernandito –quien casó hace en el mes de octubre en Zacatecas, a todo lujo que aportaron los proveedores más poderosos del Ayuntamiento matamorense-, es dueño del monopolio de la obra pública, palomear a proveedores, meter mano en la Comapa, regular el uso de los fondos de la tesorería municipal, autorizar la contratación de trabajadores y dar la venia a todas las compensaciones.
Repito: reconozco mi falla.
Aunque también atracan los otros tres Chuchincitos, son bebés de pecho en comparación a Fernandito.
Reitero: ofrezco una disculpa.
El orgullo del nepotismo de Chuchín Padre, no eran el dueto mencionado.
¡La regué!..
¡Era Fernandito!..

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